Esa historia recuerda que Dios no abandona a su pueblo y que de mil maneras busca atraernos a sus brazos
La
historia enseña cuando los hechos son presentados en su cruda realidad y desde
interpretaciones serias y bien elaboradas. También la historia de la Iglesia
católica enseña, y mucho, si le dedicamos tiempo, si hay historiadores
competentes, si miramos hacia el pasado en toda su complejidad.
En
esa historia de la Iglesia caminan juntos la santidad y el pecado, el trigo y
la cizaña, la ortodoxia y la herejía. A todos los niveles: desde los obispos
hasta el laico que lleva una vida ordinaria.
Por
eso duele ver cómo ha habido, y hay también hoy, tantos hombres y mujeres que
fallan (que fallamos), que sucumben, que se confunden, que incluso llegan poco
a poco o de modo masivo a apartarse de la doctrina verdadera y de la moral
auténticamente cristiana.










