El Santo portugués que culmina su vida terrena en Padua no se limita a señalar el pecado, sino que ofrece una propuesta positiva
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| San Antonio de Padua |
San
Antonio de Padua (+ 1231) goza de una popularidad universal. Es interesante un
comentario suyo sobre la resurrección de un joven de Naín, hijo único de una
viuda. Jesús se encontró con el cortejo fúnebre a las puertas de aquel poblado,
justo cuando llevaban a enterrar a aquel muchacho.
Comentando
aquel episodio evangélico, en un sermón predicado el domingo 16 después de
Pentecostés, el buen franciscano se detenía a explicar que Naín representaba
nuestro propio cuerpo, que, al igual que las antiguas ciudades, tiene cuatro
puertas.
Según el
famoso predicador, «a fin de que el alma no sea sacada por ellas, estas puertas
deben tener echados los cerrojos y estar custodiadas con guardas… Las cuatro
puertas de la ciudad… son la vista, el oído, el gusto y el tacto».






