El nuevo obispo auxiliar de Barcelona ve necesario que haya laicos bien formados para dialogar con la sociedad. Como historiador, dice que la Iglesia no vive su peor momento
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| Foto: Europa Press/Lorena Sopena |
Le ha llegado la mitra el año en que cumple 25
años como sacerdote. ¿Cómo surgió la vocación?
En una parroquia de Barcelona. El origen fue en una salida parroquial, durante
la comida, al ver al sacerdote de mesa en mesa. Era feliz y la gente reía.
Quería ser como él. Luego la vocación va tomando forma, pero lo primero que me
llamó fue ver un sacerdote feliz.
Como sacerdote, los jóvenes han sido una
prioridad.
Es un campo apasionante y bonito. Hay que acompañarlos, dedicar muchas horas,
tomar algo con ellos, pasar ratos que parecen perdidos. En mi caso, he estado
muchas horas hablando de sus partidos, yendo a verlos. Cada momento abre el
corazón y da pie a muchas cosas, y lo que parece que no sirve, sí lo hace.
Tengo otra imagen, la de los jóvenes entrando y saliendo de la casa parroquial:
iban a la cocina y sabían dónde estaba cada cosa… Deben sentir que la Iglesia
es su casa y tener la libertad de expresarse como son.








