La oración de las monjas de clausura es como el corazón que bombea la sangre a todas partes del cuerpo
A los ojos de un mundo
que todo lo mide con medidas de utilidad y beneficio, las monjas y monjes de
clausura no sirven para nada. No tienen escuelas, no ayudan con catequesis o en
las parroquias, no dirigen grupos juveniles, no dan clases en institutos o
universidades, ni siquiera acogen o cuidan a enfermos o ancianos...En los monasterios de clausura masculinos y femeninos, sólo rezan, se sacrifican y aman. Y es aquí donde radica su riqueza, su inmensa riqueza y valor.
La oración de las monjas de clausura es como el corazón que bombea la sangre a todas partes del cuerpo. Su presencia silenciosa y orante da vida a la Iglesia y además es un consuelo constante a Cristo.
Arrancan de Dios a base de mucha oración, de mucho contacto con él, de
sacrificios, enormes sacrificios, esas gracias que necesitamos todos.








