Este Miércoles de Ceniza nos vuelve a tomar en medio de la pandemia del coronavirus, prepárate para aprovechar cada día de esta Cuaresma
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| Vladyslav Trenikhin | Shutterstock |
En un artículo
de El Observador que se publica esta semana, el
obispo emérito de Querétaro, Mario de Gasperín, da una serie de “lecciones”
sobre la ceniza que resumimos en diez puntos que pueden ayudar a los fieles a
profundizar en este camino cuaresmal 2021.
Qué significa “acordarse”
·
“Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás”. El texto nos invita
a hacer memoria de lo
que somos y a reconocer nuestros orígenes. “Acordarse” es
volver a poner en nuestro corazón algo del pasado, quizá olvidado. Es un
retorno al momento inicial de nuestra vida y ver a Dios modelando nuestra
materia prima, el barro de la tierra. Adán significa Tierra.
· Después viene
el toque maestro, el soplo
divino del artista. Una manera maravillosa de describir
poéticamente nuestro origen y destino divino y humano.
· Somos hechura
de las manos divinas del Creador y sus
huellas quedaron impresas en nosotros para siempre. Como
el origen marca el destino, a
sus manos cariñosas de artista volveremos.
· “Acordarse” es
un verbo que abarca tanto el presente que llevamos sobre nuestras espaldas, el
pasado amoroso del cual venimos y el futuro maravilloso que nos espera. Todo
esto significa un montoncito de ceniza.
· El cristiano,
según san Pablo, es quien “se acuerda de Jesucristo resucitado de entre los
muertos”, y que “si morimos
con él, también viviremos con él”. No morimos en soledad, aunque sea en el
hospital.
Dar el primer paso hacia la conversión
·
“Conviértete y cree en el Evangelio”. Esta segunda fórmula tomó la liturgia
del inicio del Evangelio de San Marcos. Es una fórmula solemne con la que Jesús
inició la Buena Nueva de la salvación. Es una invitación imperativa a dar el primer paso de regreso hacia Dios.
· Esta proclama
es un eco de la predicación del Bautista cuando en el desierto ofrecía un
bautismo de arrepentimiento para
el perdón de los pecados, y encaja perfectamente con el rito penitencial del inicio
de la Cuaresma. Es un aliento para dar el primer paso en ese largo camino
ascendente hacia el monte de la Pascua del Señor.
· Recibir sobre
nuestra cabeza un puñado de ceniza, nos invita a recapacitar sobre cómo la
gracia de Dios se esconde en un gesto tan sencillo, pero tan profundo, capaz de
cambiar el corazón. “Un
corazón contrito y un espíritu humillado, tú, Señor, no lo desprecias”,
rezaba el salmista pecador.
· Tenemos toda la
Cuaresma para agachar la
cabeza, doblar las rodillas, descubrir ante el espejo de Dios nuestra desnudez,
rompernos el corazón de dolor, enrojecer de vergüenza, descalzarnos los
mocasines, dirigirnos al santuario, llamar a la puerta y mirarnos cara a cara
con el Crucificado.
· Frente al Santísimo, de hombre a
hombre, en silencio, escuchar, quizá por primera vez, lo que nos dice su
Corazón. Allí, si nos quedamos sin palabras, nuestra Madre nos ayudará a
responder.
Jaime Septién
Fuente: Aleteia






