Después de confesarse, los pecados quedan perdonados y el sacerdote impone una penitencia, pero ¿y si se me olvida qué me dejaron hacer?
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| Cristina Rodriguez/Panama 2019/Flickr |
El Catecismo de la Iglesia católica recuerda que existen
los sacramentos de «curación», que son la Reconciliación o Penitencia y la Unción
de los Enfermos, porque Cristo, que es médico del alma y del cuerpo, nos dio
una vida nueva en los sacramentos de iniciación cristiana, la cual puede
debilitarse y hasta perderse por causa del pecado. Por eso, la
Iglesia continúa su obra de curación y de salvación mediante estos dos
sacramentos.
Confesarse bien y cumplir la
penitencia
Después de hacer un buen examen
de conciencia, sentir dolor de los pecados y tener propósito firme de no volver
a pecar, se hace la confesión de viva voz al sacerdote, que es el ministro de
este sacramento; él, luego de dar la absolución al penitente, perdonando
los pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
acostumbra a establecer una obra u oración para satisfacción, es decir, el
confesor impone al penitente el cumplimiento de ciertos actos de penitencia
para reparar el daño causado por el pecado.
























