¿Sabías que Jesús invitó a sus seguidores a dar limosna en secreto y prometió una recompensa de Dios?
| Polina Raulina | Shutterstock |
La cuaresma es un camino para que
aprenda lo que olvido, para que sepa reconstruir lo caído y sane lo enfermo de
mi alma.
Es un tiempo especial de gracias
para dejarme hacer por Dios. Y en él Jesús me invita a ser generoso, servicial,
misericordioso:
«Tú, en cambio, cuando des
limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu
limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará».
Dar limosna es
esencial. Lo primero que me viene a la cabeza son esas ocasiones en las que me
piden que dé dinero, que me preocupe por el que no tiene, que dé al que le
falta.
Y pienso entonces en dar de lo
que me sobra. Tengo en abundancia y puedo dar a los demás lo que a mí me sobra.
La limosna cuesta siempre. Doy y
espero que me agradezcan por mi generosidad. Es un pilar de mi vida. Es más
amplio, mucho más, que dar solamente lo que me sobra.





