Me importa demasiado lo que la gente piensa, dice, hace... pero en realidad es mejor que conozcan mi verdad, vivir en libertad, sin miedo
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| DisobeyArt/Shutterstock |
No
hay nada que permanezca oculto para siempre. No hay nada que se guarde bajo las
sombras de la noche sin que nunca irrumpa el sol del amanecer.
Nada es tan puro como parece por la apariencia que refleja. Puede
haber alguna impureza escondida.
Tampoco hay nada tan sucio como lo que veo mirando desde la
distancia. Por miedo me escondo, me protejo, que nadie me mire, que nadie sepa.
Leía el otro día:
«No le gustaba
mostrarse a sí misma, hablar de su pasado y de sus decisiones tomadas. Hacerlo
era una forma de exponerse al peligro, una manera de bajar la guardia de ese
muro de contención, firme e infranqueable, que se había construido a su
alrededor para evitar ser juzgada por lo que hacía o dejaba de hacer, por lo
que decía o callaba, por lo que era o dejaba de ser. Llevaba grabado a fuego en
su conciencia de niña las veces que la habían sentenciado y condenado de manera
inmisericorde aquellos que se creían mejores que ella».
Paloma Sánchez-Garnica, Mi recuerdo
es más fuerte que tu olvido










