«Me ha
roto el corazón. Mi hermano George estaba preparando su boda el próximo mes,
iba al monasterio a rezar y meditar»
«Somos
coptos, no tenemos miedo», fue el cántico de los cristianos egipcios que, entre
llantos, despidieron ayer en pequeñas ceremonias en la provincia de Al Minya a
las víctimas del último atentado contra esta minoría religiosa en Egipto,
reivindicado por el grupo yihadista Daesh.
Fueron coptos hasta el final, cuando
los terroristas enmascarados –que la Fiscalía egipcia ha cifrado en un comando
de seis hombres– hicieron detener los autobuses en los que viajaban al
monasterio de San Samuel, en el desierto al sur del país, los encañonaron y les
forzaron a renunciar a su fe, según han relatado los supervivientes.







