El terrorismo en el norte de Mozambique ha provocado desde 2017 más de 5.000 muertes y un millón de desplazados. Esta es la historia de cuatro religiosas que se niegan a abandonar sus hogares pese al miedo y la miseria
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| Hna. Ofelia Robledo en Mozambique. Foto: José Ignacio Martínez. Dominio público |
Fue la última vez que ambas se vieron con vida. «Vino a
mi cuarto y me pidió que leyera un mensaje que le había mandado su sobrina». A
los pocos segundos, gritos de hombres y golpes. «Escuché cuatro balas, así que
me pegué a la pared. Después abrí la puerta y vi que Maria ya estaba muerta».
Todo comenzó en 2017 en Cabo Delgado, una de las zonas más abundantes en recursos naturales de todo el continente africano —gas, petróleo, mármol, oro, grafito, rubíes…—, pero también una de las regiones más pobres de Mozambique, que a su vez es una de las naciones más pobres del mundo; ocupa el puesto 185 en el Índice de Desarrollo Humano. Fruto del hastío, de la inequidad y de una desconfianza cada vez más palpable en autoridades y líderes políticos, salpicados por la corrupción, aquel año un grupo de insurgentes asaltó un puesto de Policía, dando lugar al inicio de unas arremetidas que se han prolongado hasta la actualidad.

























