"Decir que era un ángel daría risa. Pero tampoco se puede decir que fuera un perro común y corriente"
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Son muchas las personas que
pueden testimoniar un acto heroico de su mascota, han advertido de un futuro
accidente, han alertado de la entrada de alguno que quién sabe con cuáles
pretensiones intentaba entrar a casa, han prevenido alguna violencia doméstica,
o han ayudado a encontrar el camino a una persona perdida.
Y también Don Bosco tenía su
mascota misteriosa que aparecía y desaparecía en su vida defendiéndolo de
ataques de malvivientes o acompañándolo por calles considerablemente inseguras.
Él mismo cuenta en sus Memorias
del Oratorio cómo apareció en su vida en 1852 el perro lobo al que
bautizó Grigio (Gris en italiano):





