¿Qué
podemos pedir en nuestras oraciones? ¿Qué podemos hacer para que no sirva a
nuestra codicia? Para aprender a canalizar nuestros deseos, es necesaria la
virtud de la templanza
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| Jacob Lund | Shutterstock |
Según una cierta etimología latina (precaria,
precario) rezar es exponer a Dios nuestra precariedad:
“Señor,
el que tu amas está enfermo” (Juan 11:3).
Es decir con
el salmista:
“Tu,
Señor, conoces todos mis deseos” (Salmo 38:10).
Ciertamente, los
deseos de los hombres están mezclados y confundidos. Sin
embargo, ya sea que se expresen en un clamor violento o en murmullos
humillados, llegan a Dios. La Escritura afirma esto:
“Este
pobre hombre invocó al Señor: él lo escuchó y los salvó de sus angustias”
(Salmo 34:7).






