¡Católico, toma nota!
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| Fred de Noyelle / Godong |
Desde la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles, en
Pentecostés, los cristianos son conscientes de los dones con los que asiste al
creyente la tercera Persona de la Trinidad.
El Catecismo
de la Iglesia católica, en el número 1830, explica que «la vida moral de los cristianos está sostenida por los dones del
Espíritu Santo. Estos son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil
para seguir los impulsos del Espíritu Santo«.
El Espíritu Santo es, para muchos, el
«gran desconocido» de la vida cristiana. No obstante, no es
posible sin él la vida de fe, ni la esperanza, ni la caridad. Es él quien actúa
en los corazones y quien transforma la vida de las personas.
Él es quien mueve a amar y quien impulsa los actos de valor. Es el
Espíritu el que da alas a la evangelización y quien da inteligencia a los
hombres para llegar a conocer a Dios. No puede existir la vida cristiana sin
que Él la sostenga, ni siquiera la misma Iglesia.
























