Décimo primer día: Explicación de las letanías
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| Aciprensa |
Mater inviolada
Madre sin mancha. Las
comparaciones que se emplean para explicar la integridad milagrosa de María, a
la que se compara comúnmente a un espejo, que nos perturbada en lo absoluto por
los rayos del sol que lo penetran, siendo insuficientes y por debajo del
misterio de una Virgen Madre, no se puede sino admirar en un respetuoso
silencio, la manera extraordinaria en la que el Hijo de Dios quiso ser
concebido y nacer. ¿Le fue más difícil salir del seno de su Madre sin violar su
pureza que salir de su tumba sin remover la piedra, sin quebrar el sello?
Mater intemerata
Madre sin corrupción. En
efecto, ¿no convenía que María, que había estado unida a su divino hijo en los
decretos eternos de la Providencia, fuese impecable por la gracia, como
Jesucristo lo fue por su naturaleza? ¿Y no convenía que la Madre de un Dios no
haya debido ni podido estar un instante bajo el imperio del pecado? Igualmente,
San Agustín quería que no se hiciese mención de María cuando se hablara del
pecado. No podemos hacer nada mejor que compartir los sentimientos de ese gran
doctor; y reconociendo a María como Madre de Dios, reconozcámosla como una
Madre que estuvo exenta de toda corrupción.









