“La prioridad debe darse a la palabra del enfermo”, destaca el sacerdote. Eso no excluye que haya momentos de silencio que, como en la liturgia, permiten que las palabras resuenen
| P.RAZZO I CIRIC |
En la víspera del Día Mundial de
los Enfermos y de la conferencia en línea organizada por Magnificat y Aleteia,
el padre Arnaud Toury, sacerdote y enfermero, aporta un punto de vista luminoso
sobre el lugar y la función, que se ajusta constantemente, de quien visita a un
ser querido enfermo
El
sufrimiento de un ser querido enfermo o en el final de su vida desestabiliza y
paraliza incluso. Hace nacer cierto malestar que impide ser uno mismo.
Encontrar un tema de conversación adecuado a la situación parece algo
imposible, así que preferimos callar antes que mostrar torpeza. ¿Qué actitud
conviene adoptar? ¿Mostrar un rostro descompuesto o sobreactuar con
despreocupación? ¿Qué gestos conviene realizar? ¿Estrechar su mano entre las
nuestras no es demasiado intrusivo? Por otro lado, ¿descartar los gestos
físicos no podría percibirse como algo frío? El padre Arnaud Toury, sacerdote
de la diócesis de Reims (Francia) y enfermero, ofrece algunos consejos para
visitar a un enfermo y hacer surgir el diálogo.






