Hay cosas que crean puentes, unen
a las personas y construyen la paz y en cambio otras que levantan muros y
llevan a un triste individualismo, comprueba si tienes un corazón fraterno
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La fraternidad es la respuesta en
este tiempo difícil. Todos somos responsables del bien común de la Iglesia, del
mundo.
Se trata de tender puentes, de
dialogar con el que piensa distinto. Dialogar de forma abierta y
frontalmente con el que no piensa como yo. ¡Qué difícil aceptar al que piensa
de forma diferente!
Cuando Lucas describe la primera
comunidad cristiana, esa comunidad de los santos que caminan hacia Dios, está
presentando un ideal muy difícil de alcanzar. Una vida compartida en comunidad
junto a Jesús.
Cuesta mucho vivir la fraternidad
en los tiempos que corren. Uno se desilusiona y deja de creer en una
comunidad de corazones que parece imposible. Comenta el papa Francisco:
«En el mundo actual los
sentimientos de pertenencia a una misma humanidad se debilitan, y el sueño de
construir juntos la justicia y la paz parece una utopía de otras épocas. Vemos
cómo impera una indiferencia cómoda, fría y globalizada, hija de una profunda desilusión
que se esconde detrás del engaño de una ilusión: creer que podemos ser
todopoderosos y olvidar que estamos todos en la misma barca. Este desengaño que
deja atrás los grandes valores fraternos lleva a una especie de cinismo. El aislamiento
y la cerrazón en uno mismo o en los propios intereses jamás son el camino para
devolver esperanza y obrar una renovación, sino que es la cercanía, la cultura
del encuentro. El aislamiento, no; cercanía, sí. Cultura del enfrentamiento,
no; cultura del encuentro, sí».
Papa Francisco, Fratelli Tutti