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27.9.22

¿TEMES PERDER EL CONTROL? DEJA A DIOS SER DIOS EN TU VIDA

A veces le ponemos cercos a Dios para que no actúe demasiado. El padre Carlos Padilla reflexiona sobre el miedo a dejarle el control a Dios

Rainer Fuhrmann | Shutterstock

Siento que sirvo a muchos señores. Hay muchos dueños de mi corazón. Me siento dividido por dentro.

Amo a Dios con toda mi alma. Lo amo de verdad desde que era niño. Lo sigo, lo busco y quiero hacer su voluntad. Pero me cuesta tanto…

De repente hay otros señores a los que hago más caso. Me preocupan más, me interesan más. Quisiera ser más libre de todo lo que no me conduzca a la felicidad plena. Pero no es así. A menudo me dejo llevar y la vida se complica.

Tengo miedo de perder el control. Me lleno de afanes que no son los de Dios. Me inquieto pensando en mí, en mi futuro y no consigo nada. No logro soltar y dejar que Dios actúe.

17.2.22

¿QUIERES CONFIAR PERO TE DEDICAS A CONTROLAR?

El que ama siempre está junto a la persona amada, no la suelta, no la deja sola. Piensa en ella cada segundo de su vida, así es Dios conmigo

Photo by Elijah O'Donnell on Unsplash

Me pregunto: ¿En quién pongo mi confianza?

«Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor. Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal«.

Quisiera tener raíces hondas. Tener mi confianza firme en Dios.

Creer en quien no falla

Confiar es abandonar mi vida en quien me ama. No dudar, no temer. Confiar en ese Dios que me ha prometido la felicidad y la plenitud. Confío en quien no me defrauda nunca y no me abandona.

14.5.19

LA NORMA BÁSICA QUE EVITA EL ABUSO DE PODER

Cuántas vidas deshechas cuando el poder es mal usado…

Isaiah Rustad/Unsplash | CC0
El poder siempre es atractivo, es seductor. Me permite hacer lo que quiero. Lograr lo que deseo. Saber es poder. Tener información. Decidir lo que me conviene. Contar con que me pregunten.

El poder me protege de los peligros. Me hace recorrer caminos imposibles. Me da la seguridad que busco en medio de mares revueltos. Me da el dominio sobre mi propia vida. Puedo decidir qué hacer y a dónde ir.

El poder es tentador. Me da el control sobre otras personas. Puedo decidir sus destinos. Puedo gobernar sus vidas. Yo decido, yo gobierno, yo mando, yo digo, yo elijo, yo descarto.

29.3.19

¿LO QUE ESCAPA DE MI CONTROL ME PERJUDICA? DEPENDE…

Ser libre interiormente te abre a planes que pueden ser mejores que los que tú habías pensado

Nelzajamal I Shutterstock
La tentación del control me lleva a querer controlarlo todo. Lo que va a pasar. Lo que no puede pasar. Quiero tener el control de mi vida y no me gusta soltar las riendas.

Creo que sé lo que más me conviene. No me gustan las sorpresas que alteran todos mis planes. El control me hace fuerte.

La confianza está bien, pero no es suficiente. El control es mejor, me da más tranquilidad, más paz.

Sé que la vida está llena de sorpresas. Y quisiera abrirme a lo inesperado. El Dios inesperado entra en mi vida y todo se complica.

11.2.18

¿INSISTIENDO A DIOS PARA LOGRAR ALGO? PRUEBA ESTO MEJOR

¿Será que quiero atarle las manos a base de oraciones?

En la vida a veces trato de controlarlo todo. Tal vez me atrae ese pensamiento alemán que alguna vez escuché: “La confianza es buena, pero el control es mejor”.

Quiero controlar la vida. Lo que me ocurre, lo que me puede llegar a suceder. Temo perder el control sobre mí mismo, sobre los demás. 

22.7.17

¿CONTROLARLO TODO? NI SIQUIERA TU VIDA…

Me sorprendo a mí mismo tocando el cielo a veces, y cayendo en la tristeza cuando menos lo espero

Me gusta mi vida cuando la controlo absolutamente. Cuando abarco sus aristas y sus vértices. Cuando conozco todas sus subidas y bajadas. Sus horarios exactos. Sus rutinas sagradas. Su perfecta cadencia. Su armonía. Sus sinsabores y sus alegrías. Sus luces y sus sombras. Su música tranquila. Sus risas y sus lágrimas.

Me gusta la vida cuando abarco todo, o al menos es lo que creo. Cuando me levanto tranquilo y pienso que controlo mis horas, mis movimientos, mis palabras, mi agenda, mi paz. Cuando me acuesto cansado y feliz por el trabajo realizado. Cuando amo despacio. Cuando me duelen las ofensas y digiero a penas los tragos difíciles. Cuando me alegran los éxitos y me entristecen las críticas.
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