Juan Diego sintió el abrazo de Nuestra Señora de Guadalupe cuando quería huir, no había reproche ni queja en su voz, solo amor y misericordia. Una preciosa reflexión del padre Carlos Padilla
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| Santiago Mejía LC | Cathopic |
Miro
a María. En el Tepeyac sonriendo a Juan Diego. La miro conmovido, como ese niño
indio, ese Juan Diego que quiso de mil maneras huir de una misión demasiado
grande para él.
Quiso evitar a María con una excusa, su tío
estaba muy grave. ¿No habría alguien más que pudiera llevarlo a cabo? ¿Por qué
él que no era nadie?
Otros le servirían a María o si no él, más tarde, cuando ya el
problema de su tío estuviera resuelto.
Pero María lo eligió a él, el más pequeño de
sus hijos. Lo fue a buscar a él cuando
trató de evitarla.
Dios elige a los pequeños para sorprender a los sabios y
arrogantes, a los que piensan que son algo y que lo saben todo. A los que creen
que siempre tienen la razón y no necesitan de nadie para hacer lo que Dios les
pide.











