Hay tradiciones que son de todos y ya no son de nadie. Por ejemplo, la música de los grandes. La instagramer Mar Dorrio se muestra preocupada por que la "cultura de la cancelación" vaya borrando clásicos
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Hay
una actividad con la que me encanta estrenar el año nuevo: a las once y cuarto
de la mañana, mientras mi casa huele al cocido que se servirá en la comida, el
sonido del Concierto de
Año Nuevo inunda el salón.
Allí, unida a un centenar de países de todo el mundo, a algunos de
los twelve,
y a mi futuro yerno, Brais, disfruto de cada vals, sueño en voz alta que algún
día estaremos en esa sala (hasta elijo la butaca), y obedezco las órdenes del
director de la orquesta cuando nos marca el ritmo en la marcha Radetzky.
Hay algo mágico en cómo la música
clásica forma parte de la banda sonora de nuestras vidas. Nos
adueñamos de las obras cien años más tarde de haber sido creadas. Derechos de
autor que expiran para pasar a ser de dominio público, como ocurrirá con Mickey
Mouse en el 2024. Mickey será de todos, y no será de nadie… Ojalá las
ideologías, las decisiones políticas, no censuren patrimonios culturales que ya
son de todos y no son de nadie, como Tchaikovsky.
















