En la cárcel y sometido a auténticas torturas, uno de los más grandes contemplativos y místicos de la historia nos ha dejado una poesía que permite descubrir el misterio de Dios hecho hombre
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| Dominio público |
Diciembre,
1577. El frío en Toledo penetra hasta los huesos. San Juan de la Cruz (cuya
fiesta celebraremos el 14 de diciembre), a sus 35 años, se encuentra encerrado
en la cárcel del convento Nuestra Señora del Carmen.
Por miedo a que pueda escaparse, sus carceleros le han puesto en
una de las peores celdas: un antro de 7 metros de largo y 1,60 metros de ancho,
con un agujero de tres dedos en lo más alto de la pared, por donde apenas
pueden pasar ni la luz ni el aire.
La alimentación es apestosa: pan y agua, pan y agua. En ocasiones,
unas sardinas. A veces, debe comer de rodillas ante los frailes del
convento.









