En la inquietud de nuestros
interrogantes podemos encontrar a Dios, solo basta ponernos en camino y adorar.
Una bella reflexión de Luisa Restrepo
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Está
claro que nuestra fe no nace de nuestros méritos o de razonamientos teóricos,
sino que es don de Dios. Su gracia nos ayuda a despertarnos de la indiferencia
y a hacer espacio a las preguntas importantes, preguntas
que nos hacen salir de la presunción de estar bien y nos abren a aquello que
nos supera.
No debemos tener miedo a experimentar la inquietud de nuestros
interrogantes. Nos dice el papa Francisco:
El
camino de la fe comienza cuando, con la gracia de Dios, damos espacio a la
inquietud que nos mantiene despiertos; cuando nos dejamos interrogar, cuando no
nos conformamos con la tranquilidad de nuestros hábitos, sino que nos la
jugamos, nos arriesgamos en los desafíos de cada día; cuando dejamos de
mantenernos en un espacio neutral y nos decidimos a vivir en los espacios
incómodos de la vida, hechos de relaciones con los demás, de sorpresas, de
imprevistos, de proyectos que sacar adelante, de sueños que realizar, de miedos
que afrontar, de sufrimientos que hieren la carne.









