O hago algo para merecerlo o es normal que nadie me ame, es la experiencia más humana, pero ¿conoces la misericordia? Una reflexión necesaria del padre Carlos Padilla
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| anna.spoka | Shutterstock |
Me
gusta la palabra misericordia. Un corazón que se abaja ante el pobre. Un
corazón que se humilla para levantar al caído. Un corazón que me hace
experimentar un amor gratuito.
Un amor que se me da sin merecerlo pase lo que pase, haga lo que
haga. Así es la promesa llena de misericordia del Dios de Moisés:
«Multiplicaré
vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he
hablado se la daré a vuestra descendencia para que la posea por siempre».
Esa es la promesa de plenitud hecha al hombre desde Abrahán.
El pueblo de Israel no tenía nada que temer porque Dios les
había prometido todo. Sabían que Dios siempre estaría con
ellos y les regalaría su misericordia.

















