Desear el mal me vuelve mezquino, envidiar lo que no tengo quitándoselo al que lo posee me convierte en mala persona
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| Rainer Fuhrmann | Shutterstock |
No
entiendo cómo puedo desear el mal de mi prójimo. Quiero ganar, quiero ser el
primero, pero ¿desear el mal de mi hermano? Eso no es bueno, no es sano, no me
ayuda a crecer. Tengo que hacérmelo ver si estos sentimientos me envenenan.
Hoy se respira un ambiente de mucha competitividad en
todas partes. Mucha tensión, mucha descalificación del
contrario, mucha envidia.
Claro que es bueno competir, luchar por una meta que parece no
estar a mi alcance. Lo contrario serían pasividad y dejadez y no podría crecer.















