En tiempos de angustia, suelen abundar las palabras más o menos proféticas, pronunciadas por mensajeros desconocidos. "No os fiéis de cualquier inspiración", dice san Juan. El consejo del sacerdote Guillaume Chevallier para discernir lo verdadero de lo falso
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No
debemos confiar indiscriminadamente en la autoridad de una persona que dice
estar inspirada, para evitar creer a un «lobo con piel de cordero» (Mt 7,15).
Si “un árbol se juzga por sus frutos” (Mt 7, 16-20), ¿estos son
siempre evidentes? La paz y la alegría que uno puede sentir al leer un mensaje
o su número de seguidores son frutos ambiguos: las recientes acusaciones a
personalidades reconocidas llaman a la cautela.
¿Cuáles son los frutos a largo plazo para la misión de la Iglesia,
para la profundización de su mensaje, para su unidad? En la mayoría de los
casos no se pueden juzgar a primera vista.














