Reconoce tu responsabilidad y tu parte oscura y preséntasela a Dios. Una invitación liberadora del padre Carlos Padilla
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| Alena Lauretskaia | Shutterstock |
Hoy me dicen que no tengo culpa de nada. No soy responsable del
mal en el mundo. No puedo cambiar nada porque las cosas son así.
Soy débil y nací roto, no hago el bien que deseo. Todo lo
contrario, me dejo tentar y acabo haciendo lo contrario de lo que buscaba.
¡Qué tentador es el mundo, mi mundo!
¡Qué ardua es la batalla por vencer con Dios!
Y además la sequedad, la falta de
consolación, de satisfacción. Y la rutina, la desidia, la
pereza, el ocio.
Todo ello es el caldo de cultivo que me conduce por los caminos
que no quiero recorrer. Necesito ser consciente de mi responsabilidad en
estas batallas.















