«Somos más padres los que deseamos adoptar que niños adoptables», dice María Crespí, que ha esperado un lustro tanto en la adopción nacional como internacional. Algunos retrasos podrían evitarse
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Pasaron, además, por el
dolor de ver frustrada una primera asignación de dos hermanos porque el
orfanato cerró. No quisieron empezar de cero en otro país. Poco después de
recoger a Lucas, Etiopía se cerró a las adopciones internacionales.
Ese mismo 2015, se ofrecieron para adoptar en Madrid. Así llegó a su vida Inés… en 2020. Cinco años por proceso, porque «somos muchos más padres que deseamos adoptar que niños adoptables». Pero dos caminos muy diferentes. Para la adopción nacional, en Madrid, toda la espera dependía de su número de expediente, el 502. A diferencia de otras autonomías, que siempre aceptan ofrecimientos aunque luego haya que esperar años, esta comunidad solo mantiene abierta la lista de adopción especial —más de 6 años, hermanos, enfermedad o discapacidad—. Para el resto, abre la lista esporádicamente durante unas semanas; las más recientes, en 2015 y el año pasado.





















