"Soy católico, pero tengo una duda que me ronda y me molesta mucho: es la cuestión de la condenación eterna... ¿Cómo un Dios tan misericordioso puede permitir que sus hijos se queden para siempre en el infierno?"
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Dios
quiere que todos los hombres se salven (1 Tm 2, 4).
Sin embargo, no obliga a nadie a amarlo y preferirlo a los bienes
creados. Por lo tanto, Dios no condena a nadie; es la criatura la que
se condena a sí misma.
Si muere consciente y voluntariamente en contra de Dios (algo que
sólo Dios puede saber), tendrá para siempre el destino que él mismo
eligió, ya que la muerte pone al ser humano en un estado definitivo,
en el que ningún cambio es posible.
Además, es necesario reconocer que ninguna criatura puede juzgar a
Dios. Él, por definición, es la suprema perfección y la santidad absoluta.
Cuando parece injusto a la limitada razón humana, no lo parece
porque sea menos justo que el hombre (no puede existir un Dios injusto), sino
porque su
designio de salvación sobrepasa el entendimiento humano.






















