Tenemos una vida que está determinada por años, y de lo que hagamos con ella daremos cuentas a Dios
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| tommaso79 - Shutterstock |
El ser humano es efímero: nace,
crece, se reproduce, envejece y muere. La Sagrada Escritura dice que «nuestra
vida dura apenas setenta años, y ochenta, si tenemos más vigor: en su mayor
parte son fatiga y miseria, porque pasan pronto, y nosotros nos vamos» (Salmo
90, 10).
La frase del salmo: «pasan
pronto» debería hacernos reflexionar sobre lo que estamos haciendo para
aprovechar el tiempo, porque la vida actual se presta para dedicarnos a ver el
teléfono móvil y embebernos en él, olvidando la realidad y a quienes la componen.
Por lo mismo, es importante
entender que el tiempo que Dios nos regala diariamente, debe ser bien
aprovechado, sobre todo porque es lo único que no se recupera. No podemos
volver el tiempo atrás para hacer lo que nunca hicimos. No podemos regresar
para evitar las ofensas conferidas a nuestros familiares y amigos, o para
evitar el mal hecho. Ni siquiera para hacer el bien, porque ese momento ya no
existe.























